Es el año 1988 y el Papa Juan Pablo II visitará Melo. Se calcula que 50.000 personas asistirán a verlo. Los pobladores más humildes creen que vendiéndole comida y bebida a esa multitud se harán casi ricos. Beto, un contrabandista en bicicleta, decide en cambio construir un excusado en el frente de su casa y alquilar el servicio. Para lograrlo debe atravesar una serie de dificultades, trágicas algunas, cómicas otras, que ponen en peligro el apoyo de su esposa, la fidelidad de sus amigos bagayeros y su propia autoestima.